Jimmy
¿Alguien se acuerda de aquel niño que cantaba ‘Yo no fui’ hace un par de años?
Y aquí es cuando uno no da comentarios a pesar de que se te ocurran cientos…
¿Alguien se acuerda de aquel niño que cantaba ‘Yo no fui’ hace un par de años?
Y aquí es cuando uno no da comentarios a pesar de que se te ocurran cientos…
Odio a Orsai.
Lo odio como odio pocas cosas. Lo odio por muchas razones.
Hoy leí una más:
La mentira tiene mala prensa porque en general se utiliza con mezquindad: para sacar provecho, para vengarse de otros, para obtener crédito espurio, para fingir o alardear. Esa es la mala mentira. La buena mentira, en cambio, es generosa: ahí reside la única virtud de la mentira y de las mujeres feas. Ese pequeño detalle es lo que convierte a la mentira en arte, lo que le da categoría de ficción.
La mentira es un alimento nutritivo, pero debe ser emitida para salvar a otros del aburrimiento, no para salvarse uno de su realidad o su frustración. La historia de Pinocho no es verdad, pero Collodi no escribió esa mentira para ostentar, ni para dejar de pagar la cuota del coche, ni para que los demás lo creyeran musculoso. Urdió esa mentira para entretener a la gente, como Comequechu aquella tarde. Fue generoso y tuvo su recompensa: no le creció la nariz.
Esos dos párrafos vienen de un post que se llama “Los dos Rulfos“. Y en esos dos párrafos, Orsai pone en letras lo que yo hago de a diario en este blog, en lo que creo firmemente a la hora de sentarme a escribir y lo que he practicado varias veces en muchas pláticas con amigos y familia. Yo lo llamo ‘mejorar la realidad’; él le dice ‘anécdota mejorada’. Yo nunca lo había sabido describir bien, él no lo puede decir mejor.
Lo peor de todo: en ese post, Orsai me pone al descubierto.
Maldito.
Lo odio.
P.D. El post de Orsai es de marzo de este año. Eso obedece a que lo odio tanto que lo leo cada tres meses. Maldito.
Hoy me di un clavado por los archivos que subo a la menor provocación al servidor de SL.com para (and I quote me) “cuando se ofrezca”. Seh, así pasa. Uno nunca sabe cuándo va a utilizar una fotografía graciosa/interesante/única o alguna canción increíble/terrible/rarísima.
Sea pues, y sin mayor pretexto, aquí les dejo una rolita que me hizo reir mucho la primera vez que la escuché. Y después la tuve pegada durante una semana. Y no, no estoy exagerando.
Fernando Alvarez y Alfredo Pérez - Pero Te Quiero
“Cuchufleta”.
Ese era el ‘nombre clave’ del proyecto de Básico FM. Bueno, no. Miento. Un nombre clave hubiera sido “Trébol 22″ o “Lithium”. “Cuchufleta” no llega ni siquiera a nombre clave, era más bien el único nombre genérico que se nos vino a la mente en alguna junta. Así como era ‘cuchufleta’ podría haber sido ‘ñandú’, ‘jatrofa’ o ‘la d’esa del d’ese’. Luego supimos que el nombre técnico de lo que estábamos haciendo era Widget. Y como el nombre es demasiado ewok, pues Cuchufleta se le quedó.
Resulta que, como ustedes bien saben, un grupo de cuates y yo tenemos una estación de radio por internet. De hecho, según nuestras cuentas, creemos que ya es la estación de radio por internet más antigua (o, puesto en otras palabras, “de más tradición”) en la República Mexicana. ¡Ya vamos para cinco años!
Pues bien, no conformes con tener dolores de cabeza teniendo y manteniendo una estación de radio que transmite una programación distinta los 365 días, las 24 horas… hemos decidido tener más estaciones de radio, todas ellas unidas a una misma frecuencia. Digo, cuando comenzó la FM no bastaba con tener una o cinco estaciones de radio de FM, había que tener un aparato en donde pudieras escuchar la FM (nuestros lectores más jóvenes no lo recordarán, pero hay personas a quienes todavía nos tocó que el coche de nuestros papás sólo tuviera estaciones de AM).
Pues bien, eso es la Cuchufleta. O el Widget. O la chunche esa que David Villegas construyó en sus noches de insomnio. Con esa cosa uno no tiene que ir a www.basico.fm para escuchar Básico FM y luego teclear www.electronico.fm para irse a escuchar los mejores beats en Electrónico FM. No. Gracias a la Cuchufleta (a falta de mejor nombre; se aceptan sugerencias), uno puede ir de una estación a otra con dos clicks. Por ejemplo: así se ve el reproductor de Básico FM:

Si uno le da click en el botoncito mágico que tiene el logito de Básico FM, se abre algo así como un dial en donde uno puede irse a Electrónico FM, por ejemplo:


O a la nueva estación de Básico que servirá para promocionar uno de los eventos anuales más importantes de nuestro país: Vive Latino Radio, la estación oficial del Vive Latino.

Si les late probar nuestro Widget, bájenlo de aquí. Y hay que estar pendientes, porque el siguiente paso es Bestial FM (me raya cañón el logotipo!).
Desde hace como 3 meses estoy usando Google Reader para ponerme al tanto de los blogs que me interesan; todos ellos tan eclécticos como mis propios gustos.
Para aquellos que no tengan idea de qué es Google Reader, es como un concentrador de posts de blogs a los que te suscribes, los lees como si fueran mails y los marcas con estrellitas como si fuera Gmail. También, al leer cada post, uno tiene la opción de compartir algo que te haya gustado mucho con el resto de los usuarios de Google Reader y ellos, a su vez, de compartir contigo sus lecturas.
Hoy, gracias a una funcionalidad más del Google Reader, les puedo compartir a todos ustedes -no usuarios de Google Reader- los posts que a mí me parecen interesantes de los diversos blogs a los que les hinco el diente. Para aquellos interesados, den click aquí (aunque el enlace se quedará permanentemente en la columna de la derecha).
Tengan la seguridad de que habrá nuevas adiciones todo el tiempo.
Y en mi idea de integración México-EE.UU., estoy segurísimo de que las campañas políticas con sabor mexicano van a tener más pegue que las gringas.
Vía FaustoGurrea
¿A poco no?
Sé que, en un universo paralelo, soy un artista incomprendido que hace cosas como estas:
MUTO a wall-painted animation by BLU from blu on Vimeo.
Vía Pixel y Dixel.
Simplemente genial.
Por dos razones, porque quiero darle un cierre a mi post anterior (dándole un vistazo a mi playlist actual) y porque en algún momento salió en alguna conversación como chiste (de hecho, creo recordar que el autor del comentario fue Mau), aquí está el iPod del Salvador Leal.
* Sólo incluye las canciones subidas a mi iPod, no el total de la Biblioteca de iTunes.
** La fecha de corte es del lunes 12 de mayo de 2008 a las 13hrs.
… sólo para recordar.
Hace exactamente 10 años tuve mi primer reproductor de MP3.
Si ustedes no están familiarizados con los gadgets que de entonces hasta ahora se han producido, igual y creen que el iPod fue el primer dispositivo para reproducir cancioncitas en MP3 a los oídos de felices melómanos. No es así.
Siéntense, jóvenes lectores, que les voy a contar una historia.
Hace muchos, muchos años, no existían esos cuadritos blancos que tienen en su extremo un par de audífonos del mismo color y que ahora trae hasta el velador del edificio. No. En aquellos tiempos lo que se usaba era tener un Discman (generalmente se pronunciaba ‘diksman’) que era alimentado con múltiples discos compactos. Y los discos compactos provenían de dos lugares: o la tienda de discos, o un puesto chafa de piratería. Y cuando piensen en piratería, no piensen en los niveles de sofisticación a los que han llegado los Barba Roja de la música de nuestros días. No, no, no. Piensen en discos que si dejabas demasiado tiempo en el reproductor en pausa, terminaban fritos por el rayo láser. En ese tiempo, el término “quemar un disco” se refería literalmente a tomar un CD y prenderle fuego.
Incluso en los inicios de la música por MP3 (que comenzó siendo la fascinación de nerds y geeks para luego esparcirse entre el populacho), uno mantenía su música en los discos duros sin posibilidad de que ésta saltara a otros espacios. Cabe mencionar que cuando comencé mi carrera como DJ (ja!) en las fiestas de mis cuates, fue acompañando a un amigo al que le ayudaba a cargar el CPU en donde guardábamos todas las joyas de nuestro repertorio.
Siendo así las cosas, la existencia de un dispositivo que pudiera transportar archivos de música de un lugar para otro y que no fuera tan permanente como un CD era algo que yo buscaba con desesperación en cuanta revista de música y tecnología caía a mis manos. Así llegué al RIO PMP300, una maravilla tecnológica jamás antes vista. ¡Imagínense, chiquillos y chiquillas, tenía 32 megas de memoria! No, no, no… Algo que ni en sueños podría uno pensar. Era como un casette pero digital, que te permitía ir de un track a otro sin la necesidad de adelantarle con el molesto botón del FF (un día les hablaré de otro aparatito antediluviano llamado ‘Walkman’ que sólo tenía tres botones, el de Play, el de Stop y el de Fast Forward; eso significaba que para ‘regresarle’ tenías que cambiarle de lado, ‘adelantarle’ y regresar a la cara original. Pero eso, como dijera la Nana Goya [también personaje de otros tiempos] “es otra historia”).
La cosa es que el RIO llegó a mi vida y sí, durante cierto tiempo fui la envidia de varios cuates. Porque, échenle cuentas. El RIO salió en 1998, el primer iPod salió en el 2001; y a eso agréguenle que el iPod prendió realmente hasta el 2003/2004. Tons, desde el 98 hasta el 2003, lo más parecido a un iPod que alguien podía tener, era un RIO.
El problema es que el modelo era tan poco amigable, caro y sin ‘allure’, que la neta hasta yo terminé dejándolo a un lado al año y medio de comprarlo. Hasta el día de hoy que me lo encontré en las cajas de mi mudanza:

El iPod rinde tributo a su abuelo, el RIO PMP300
Y bueh, nomás por no dejar, les dejo las rolas que se quedaron en el RIO. Y digo que se quedaron porque el único sistema operativo con el que trabaja es el Windows 98. Quede aquí una pequeña cápsula del tiempo involuntaria de lo que andaba escuchando aquellos ayeres:
1. Una versión de ‘Fly Me to the Moon’ electrónica, de esas que salían por montones en Evangelion.
2. Una versión de ‘Fly Me to the Moon’ smooth, sí, también de Evangelion (era nuestro gusto culpable de esos años).
3. La versión original de ‘Where Is My Mind?’ de The Pixies.
4. La versión en vivo de ‘Glory Box’ de Portishead
5. ‘Jane Says’, en la versión en vivo de Jane’s Addiction.
6. ‘Teach Me Tiger’ de April Stevens, sacado de alguna recopilación del Ultra-Lounge
7. El tema de James Bond en la versión de Moby (la que salió en ‘Tomorrow Never Dies’)
8. ‘Backseat Driver’ de los Propellerheads, también del soundtrack de aquella película de Bond.
Y ya. No sé si era porque ya se había llenado o porque aquella última ocasión no supe qué ponerle. Dato curioso: de las 8 canciones del RIO, sólo las dos primeras no las traigo en mi actual iPod.
¡Ah, qué tiempos!
De veras, igual y todo este rollo de los blogs ya perdió sentido…

Quizás hasta pueda pensar en modificar mi curriculum para decir que soy ‘colega’ de Guadalupe Loaeza y Joaquín López Dóriga.
O no.
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